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06/04/2008
Snagov
Este fin de semana, aprovechando que el final ya está cerca, fui a Snagov con César. Snagov es un lugar que está a 40 kilometros de Bucarest, y donde el mayor atractivo es un lago, rodeado de parques y de un par de restaurantes. En el medio del lago hay una isla, con un monasterio donde está enterrado Drácula, el mismismo Vlad Tepes. Nuestro interés era ver la tumba de Vlad, asi que pusimos rumbo a tan excitante aventura.
Camino al lago pudimos ver escenas de la Rumania semiprofunda, como un carro con caballos o un poste de electricidad que se mantiene en pie gracias a una papelera. Tras una hora (si, si, una hora para 40 kilometros), llegamos al sitio en cuestión.

Nada más llegar, nos dimos cuenta que la guía nos mentía: no había ningún vaporeto para cruzar el lago. Encontramos una especie de contenedores metálicos, como los de los barcos, y allí estaba un señor que tenia dos o tres barcas con un motor pequeño. Como no podría ser de otra forma, tuvimos que negociar con el señor del alquiler de las barcas para que nos dejara cruzar el lago: nos pidió 100 lei, le dijimos que 60 y al final, la cosa quedó en 80. Nos subimos en la lancha a motor, pensando que la posibilidad de que el hombre nos dejara tirados en la isla y se marchara sin nosotros era bastante probable, pero somos valientes, así que, como el mismo César decía: "es un riesgo que debemos correr".

Desembarcamos y en efecto, nos encontramos un monasterio (que yo pienso que es una iglesia, una biserica) bastante bien conservado y limpio. Nos cobraron 13 lei a cada uno por la entrada, y en el interior vimos la tumba de Tepes, que es bastante austera: un rectangulo en el suelo con flores y unas velas encima. Me esperaba algo más turístico y más espectacular...

...y en efecto, el monasterio de Tepes tiene una atracción, pero no es Vlad: es el sacerdote ortodoxo que lo lleva!! El tio era un showman, con mucho carisma, repartiendo iconos de papel a los estudiantes y alabando mi nivel de rumano. Al final, hasta nos hicimos una foto con el!

Despues de ver la isla, desde la que también se veia la residencia de verano de Ceucescu (al parecer habia un tunel que la comunicaba con la isla, pero Ceaucescu mando cerrarlo por su seguridad personal) , fuimos a comer a un lugar llamado "Montecarlo", donde el menú era: ensalada de pepinillos y pechuga de pollo a la plancha. De postre: café con leche. Ante su escasa variedad, César y yo comentábamos que con un par de tortillas de patatas y unas croquetas duplicariamos los beneficios del lugar... pero eso os lo contaré otro día.
12/01/2008
Sábado en Sinaia.

Aprovechando lo renovados que hemos venido todos desde las vacaciones de Navidad, este sábado decidimos ir a Sinaia a pasar el día, a pesar de que el tiempo es horrible y Sinaia está en la falda de los Cárpatos, donde supuestamente mas nieve debe haber, a unos 120 kilometros al norte de Bucarest. Se puede acceder con tren desde Bucarest, pero nosotros fuimos en coche.
Sinaia debe su nombre al monasterio que hay en la ciudad y que fue construido antes que la propia ciudad en honor al monte Sinaí. Tiene unos 14.000 habitantes y es un destino interesante para aquellos a los que le gusta hacer esquí, ya que posee un complejo dedicado a ello. Sin embargo, a mi me resultaba una ciudad interesante porque en Sinaia está el Castillo de Peles (en la foto del principio), uno de los edificios mas emblemáticos de Rumanía.
El castillo de Peles fue construido por orden del primer rey de Rumania, Carol I, alrededor del año 1873. El Rey junto a su mujer lo utilizaban de residencia de verano. El castillo es de estilo romántico, tanto que recuerda a un cuento de hadas. El exterior es impresionante, con jardines alrededor, estatuas y estanques; pero el interior lo es si cabe aún más. La entrada cuesta unos 12 lei (menos si eres estudiante) y ofrecen visitas guiadas en rumano e inglés. Nada más comenzar la visita, te hacen ponerte unas zapatillas de tela encima de tus zapatos, para que no ensucies el interior. Y después, comienza un magnifico paseo por el interior del castillo, viendo las salas donde el rey mantenia reuniones, la biblioteca (con su puerta secreta y todo), la sala de música que tanto le gustaba a la reina... La decoración es propia de un monarca, con espejos de cinco metros traidos de Venecia, cristal de Murano, alfombras de Irak, madera artesanalmente trabajada, mesas del siglo XVI... increible. Un punto negativo de esta visita es que no pudimos ver las habitaciones del palacio (160 en total); ya que se encuentran en el segundo piso y por razones de conservación y seguridad (está construido en madera), lo tienen cerrado a los más de 3.000 turistas que pasan por el castillo cada mes (eso si, lo abren el ultimo martes de cada mes).
Además del castillo de Peles, visitamos el monasterio de Sinaia, que sinceramente, no me pareció gran cosa. El exterior es un poco mas bonito, pero el interior es casi austero.
Después, nos dirigimos en teleférico a las cotas 1400 y 2000. Por 45 lei consigues un viaje de ida y vuelta (que en realidad son 4, puesto que son dos telefericos diferentes). La verdad es que fue maravilloso subir tan alto, pero yo no llevaba el calzado adecuado y no pudimos disfrutar como la ocasión lo pedía. Por todas partes había gente haciendo esquí, con trineos e incluso con motos de nieve; se respiraba un ambiente findesemanero total. En las cotas había un par de cabañas que hacían la vez de restaurantes (aunque no eran muy higiénicos), y por un par de lei puedes tomarte un vino caliente, algo tipico de los pieblos de montaña en esta época.
A esas horas ya teniamos hambre, y no queríamos salir muy tarde de Sinaia porque conducir de noche, con hielo en la carretera y una capa de niebla que te impide ver más allá de un metro no nos parecía buena idea, así que después de buscar algun sitio para comer, pusimos rumbo a Bucarest de nuevo. El viaje de vuelta fue un poco tenso, ya que la carretera era todo un desafío, pero al final con la destreza de Jose, César y Teo, conseguimos llegar bien a casa.
En resumen, Sinaia es una ciudad bonita, si bien no es necesario dedicarle mucho tiempo a no ser que vayas a esquiar. Con un día es más que suficiente, pero no puedes irte de Rumanía sin visitar el precioso Castillo de Peles.

14/12/2007
Bussiness Trip: Constanza





10/12/2007
Fin de Semana en Brasov
Este fin de semana he hecho mi primer viaje fuera de Bucarest y me he ido a Brasov. Está a dos horas y media de tren (sin contar con los retrasos) hacia el norte. Casi pierdo el tren porque lo teníamos a las 8 de la mañana y el viernes yo había salido hasta las tres y pico... pero finalmente gracias a un taxista espabilado conseguimos llegar.
Durante todo el viaje de ida fuimos viendo paisajes preciosos, con nieve, montañas, abetos... Una vez llegamos a Brasov, buscamos el sitio donde nos quedábamos a dormir, un Hostal llamado Rolling Stone . La verdad es que el sitio está bastante bien, una habitación sale por unos 110 lei. Son muy hospitalarios, te dan un plano con información de Brasov, organizan tours desde el propio hostal... el ambiente es muy familiar y agradable.
Después de registrarnos y dejar nuestras cosas, decidimos dar un primer paseo por la ciudad, aprovechando para desayunar. Había que caminar con mucho cuidado, porque habia un montón de nieve y hielo por todas partes. Vimos la famosa Biserica Neagra, con su órgano (el más grande de Europa) y su colección de tapices traidos de Turquía; el Ayuntamiento que tenia un arbol de Navidad enoooorme (y precioso), el cartel a lo lejos que pone "Brasov" como si fuera HOLLIWOOD; la calle más estrecha...
Comimos en un restaurante que se llama Gustari, donde nos atendieron muy bien, aunque yo pedí Sarmale y no estaba muy allá...

Se hizo de noche enseguida y la verdad es que la ciudad ganó encanto, con su aspecto medieval super bonito. Había mucha gente que estaba allí para esquiar, ya que la estación de esquí de Poiana Brasov está muy cerquita. Seguimos paseando y conociendo detalles sobre la ciudad, que en otros tiempos se llamó Corona; y decidimos cenar en un restaurante italiano, donde un coro navideño nos sorprendió cantando un montón de villancicos para amenizarnos la cena (precioso).
También descubrimos un bar llamado Uncle Jack, con una decoración super chula, en blancos y negros, y una música de lo más agradable también.
Y como estábamos cansaditos, decidimos irnos pronto al hostal, así que a las once ya estábamos en la cama... viendo el telediario de unas gemelas (super friki, había dos presentadoras que eran hermanas gemelas, y encima presentaban a coro... tengo que investigar esto).
Al día siguiente dejamos Brasov (con mas de 40 minutos de retraso en el tren), pero en resumen ha sido un viaje muy agradable, con un montón de anécdotas para contar y muchas risas.
