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Expatriada en Rumanía

Aeropuerto de BaneasaY llegó el gran día: un viernes como hoy (pero no uno de los que pasan cada cuatro años...). Nos fuimos al aeropuerto, en plena nevada en Bucarest. Yo, con zapatillas de deporte y con gripe, cagándome en todo. Cereal, contentísimo porque nevaba para él en Bucarest. Y en el aeropuerto de Baneasa, un frío de mil demonios. Además, había un señor que tenía manía persecutoria conmigo. Allí donde estaba yo, estaba él. Yo me sentaba y de pronto el aparecía. Fue bautizado como "El Señor de los Ojos", porque llevaba unas gafas que eran para mínimo, 20 o 30 dioptrías. Yo me moría del miedo y... ¿qué hacía Cereal? Jugar a las bolas!

CATTras una hora y media de vuelo, llegamos a Viena. Para ir del aeropuerto al centro de la ciudad hay que coger un tren que se llama CAT, pero no tiene nada que ver con un gato. Recorre un trayecto de 16 minutos, y cuesta nueve euros por persona (sale a 56 céntimos el minuto, es más caro que una llamada a Cuba para hablar con nuestro retiradísimo Fidel). Así que empezamos a hacernos una idea de lo cara que es la ciudad desde el primer momento. Nos sacamos un billete que era más barato (7,50, tampoco era para ponerse contento) y que era para poseedores de dos tarjetas que nosotros por supuesto, no teníamos. Como es natural, el revisor nos pilló y tuvimos que pagar la diferencia.

No-terricolaA mí esto no me gustó nada. No me refiero al hecho de que me pillaran (que tampoco me gustó) sino que me refiero al hecho de que solo nos hicieran pagar la diferencia. Si en España te pillan sin billete, vas a pagar 20 veces la diferencia, más la bronca del revisor, más las maldiciones a tu familia. Aquí fue donde empecé a sospechar que los austríacos no son terrícolas.

Llegamos al centro, y nos fuimos a nuestro alojamiento. Se llama Happy Hostel, y aunque a Cereal le decepcionó (lo tengo acostumbrado a mi casa de cinco estrellas de Bucarest y luego pasa lo que pasa) a mí me gustó mucho.

Mi estado de salud era más bien deplorable, así que me fui a la cama en cero minutos. Si hubiera sabido lo que me esperaba al levantarme, me habría ido directa al aeropuerto otra vez... Pero eso, os lo cuento mañana.

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4 comentarios

Manuel -

¡Qué carísimo el tren! Yo me iba andando...bueno, no...¡pero qué dolor de precio!

frankeinas -

Que envidia, en Viena la Miriam. Ya decía yo que estuviste demasiados días sin escribir nada unos días atrás. Espero que nos sigas contando.

Pilar -

Meca!! Pero si mañana es sabado!! No nos dejarás con la intriga todo el fin de semana no????!! jejejej

Espero tu historia, a mi me gusta mucho Viena, y cierto es, no me parecieron terricolas...

Banyú -

Jo, vaya comienzo en Viena, ¿no?. A mi me encantó.
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