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Expatriada en Rumanía

El sabado madrugamos y nos convertimos en ratas que no pueden salir de un laberinto: no encontrábamos la puerta para salir a la calle en ningún pasillo de nuestro Happy Hostel. Yo, que tengo grandes experiencias en perderme, me dejé guiar por la luz y encontré una puerta. No tenía nada que ver con la que usamos para entrar, pero nos gustaba más (era grande, verde y pesada: si lo pienso se parecía a mi un poco), así que la aceptamos como "nuestra puerta de salir".

Este fue el primer día que recorrimos Viena. Y la situación era la siguiente:

  • Ola de frio artico que invade Austria.
  • Yo enferma de lo que llamé "catarro con tos y fiebre".
  • Cereal, que tiene sangre tropical y no puede estar a menos de 18 grados.
  • Una audioguía con 48 lugares que visitar.

Decidimos que lo mejor era ir a desayunar: cerca había la típica cafetería vienesa. Yo tenía ilusión por comerme un viennoise (lo que yo creía que era un bollo típico vienés con chocolate). Así que entramos en la cafetería y nos sentamos a esperar.

Esperamos...

- Cereal, no nos atienden, qué pasa?

- Déjame, que estoy jugando a las bolas.

- Tengo hambre, Cereal! Por qué no nos hacen caso?

- Mmmm... voy a por azules... llevo 712 puntos... a ver si bato mi record...

- HIDRATO DE CARBONO! HAZME CASO!

- Vaaaale, voy a ver que dice la audioguía...

- Audioguía: Si usted visita las tipicas cafeterias de Viena, se topará con el "Señor Camarero", un tipo poco simpático que es dueño de su café y en el que tú eres un invitado que será atendido si "al señor camarero le apetece".

- Ah! Que tardan un poco en atendernos porque esto es típico de Viena! Vale!

Cereal y el huevoDesayunamos pan (increíble el pan vienés), croissants (también muy buenos), chocolate y... huevo. Huevo semicocido que te ponen en su recipiente y todo. A Cereal le gustaron los huevos! :-) El primero se lo comió muy mal (manda huevos) pero luego ya nos dimos cuenta de que había una técnica especial: quitar solo la punta de la cáscara, para que el huevo no se ponga en plan blandengue (yo odio cuando suplican "noooo, no me comas").

FreudDespués del desayuno, empezamos a andar mientras nevaba (sí, somos masoquistas, y yo no tenia bastante con estar enferma: queria más) por una de las calles más comerciales de Viena: Mariahilfer. Al final, está el barrio de los Museos, y fue donde empezamos a ver edificios monumentales por todas partes. Todo nuevo, todo reconstruido y restaurado, porque Viena fue una de las ciudades más dañadas en la IIGM. Vimos con nuestros ojos y oímos con la audioguía la Plaza de los Heroes, el parlamento, la universidad... y la casa Museo de Sigmund Freud, lo que constituye una experiencia orgásmica (subconsciente) para cualquier psicologuilla de tres al cuarto, como yo.

Podríamos llamar a este día "el día de la rueda de reconocimiento", ya que paseamos mucho por la ciudad pero no quisimos entrar en nada... fue como una especie de primer contacto para poder decidir a qué dedicarle más tiempo. También descubrimos que Viena es una ciudad limpísima, y muy silenciosa (en 5 días sólo oímos un claxon y sospechamos que era un simulacro para salvar la vida de alguna anciana imaginaria en apuros). Los conductores vieneses (que recuerdo, no son terrícolas) siempre nos dejaban pasar al cruzar, así que empezamos un juego de "a ver si podemos cruzar siempre en rojo y lejos del paso de peatones". Lo ganamos, obviamente; igual que el de "a ver si podemos ir siempre en metro y tranvía sin pagar". Tanto éxito, estoy pensando en echar el Curriculum para el 50x15...

Con tanto paseo llegamos por fin a la Catedral, donde conocimos a un señor vestido de Mozart (o un Mozart vestido de señor) que nos ofrecía entradas para un Maravilloso, Grandioso e Imprescindible espectáculo de danza, ópera y música (recopilando los Grandes Exitos de todos los tiempos, que el amable Mozart en persona nos tarareó, por si nos sonaban más). El precio de tal sobresaliente y regio evento era de tan solo 39 euros.

- ¿Qué hacemos, Ce?

- Ah, no sé, decide tu... que hablas inglés mejor que yo...

Cereal se fue a hacer fotos con su cámara, porque...

  • a) Le daba vergüenza verme regatear en inglés.
  • b) Pasaba por allí alguna austriaca de la que había que dejar constancia.
  • c) Al señor Mozart le olía el aliento.

RegateandoAl final, regateé con él usando mi gen más brasileiro: el de Ronaldinho. Y el tío aceptó 25 euros por cada entrada y nos regaló una bebida a cada uno. Yo hasta me creí buena negociadora y Cereal me admiraba secretamente. Pero cuando llegamos al espectáculo en cuestión me di cuenta de que solo soy una humilde Guiri más. El espectáculo no valía ni 10 euros. Era para Guiris. Totalmente para Guiris. ¿Qué hacíamos nosotros ahí?

- Cereal, no habrá nadie que me conozca, ¿no?

- ¿Quieres jugar a las bolas?

- Vale, venga, cualquier cosa mejor que esto.

GuiriyadaAl final, he de confesar que nos divertimos, ante las miradas de profundo odio de las personas que estaban a nuestro alrededor. Nos reímos del presentador, que era tonto. Nos reímos de nosotros mismos, que también somos tontos. Y nos tomamos un zumo de naranja de los que vienen en botella de cristal, o sea, de los buenos (nada de tetra-brik, habrase visto!).

Exhaustos de tanta emoción, nos fuimos al happy hostel. Yo tenía fiebre y deliraba ligeramente, después de todo el día muriéndome de frio ártico, así que Cereal compró víveres para cenar unos colocaos con galletas LEIBNZ, que a mí es lo que realmente me hace feliz.

Triky

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2 comentarios

Manuel -

"HIDRATO DE CARBONO! HAZME CASO!" Eres una cachonda, jejeje.

Pilar -

jajaja... me ha hecho mucha gracia la crónica! No sabía que se podía regatear con los Mozarts!! Nosotros ni preguntamos cuanto valía... Tampoco sabía eso de las cafeterías...jolin, me tenía que haber cogido una audio guia de esas!!!
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